Artículos de Coaching

Cuentos para dejar de soñar despiertos/as Miriam Cobreros

Cuentos para dejar de soñar despiertos/as

Érase una vez… un director de recursos humanos con un equipo de trabajo de alto rendimiento, que tenía una bonita casa y compartía su vida con una extraordinaria mujer y profesional con quien colaboraba en el cuidado y tutela de sus dos maravillosos niños. 

La empresa donde trabajaba le podía aportar toda la realización profesional, retos y adversidades a superar que quería, así como, la economía que necesitaba para mantener su nivel de vida. También contaba con una memoria digna del mejor elefante, la cual, le confería un respeto profesional inigualable.

Pero…no era feliz.

Quería tener más reconocimiento profesional, quería que sus hijos sacasen mejores notas, le disgustaba que su pareja no se esforzase en aprender a jugar mejor al pádel, menospreciaba su capacidad memorística, y últimamente se enfrentaba con su equipo de trabajo de alto rendimiento diariamente para conseguir un mejor orden, mayor organización y mejores resultados.

Y esto… no le hacía feliz.

Pensaba que ya lo había conseguido todo, y que no evolucionaba. Se sentía estancado. De modo que sin darse cuenta comenzó a volcarse en los problemas del día a día, en los retos y las dificultades; sin detenerse a pensar en los éxitos conseguidos y en sus logros tanto personales como profesionales. Un día se parecía a otro. Los pequeños obstáculos los transformaba en montañas y los avances los minimizaba.

Cada vez se sentía menos motivado.

Y poco a poco fue enterrando sus ilusiones personales y profesionales.

Llegó un día en que dejó de sentir ánimos para levantarse e ir a trabajar y su carácter cambió. Dejó de sonreír. Pasó de preocuparse por los compañeros y su familia a centrarse únicamente en sí mismo.

Todo cambió el día que su coche se salió de la carretera. El vehículo impactó contra la mediana, dando vueltas, descontrolado, salió en dirección contraria y en una vuelta de campana, su cuerpo salió disparado quedándose boca abajo en la cuneta. 

Pasaron los meses, con la ayuda de la familia, los amigos y los ánimos de los compañeros/as, consiguió superarlo. Llegó el día que regresó a su puesto de trabajo. Todo fueron sonrisas amables, preguntas con tacto, miradas cordiales.

Ese día, sentado en su mesa pensó. Repasó los últimos años, los logros, los avances, los amigos, la familia, y comenzó a darle valor a cada una de las cosas que había logrado, a cada logro del equipo, al apoyo de su familia, la satisfacción del desarrollo de sus hijos, lo valioso de las conversaciones con sus amigos. Lo escribió por parcelas. Clasificó los roles principales y en cada uno incluyó los logros. Cuando hubo concluido lo miró y a esa mirada le acompañó una gran sonrisa.

“Creo que hoy he crecido más que en los últimos años. Es trágico saber que podría haber utilizado técnicas como el coaching que me ofreció la empresa meses atrás para adquirir la perspectiva que necesitaba y, sin embargo, he tenido que pasar por un duro golpe y poder contarlo para darme cuenta del lugar en el que estoy.”

Ese fue su punto de partida para el establecimiento de nuevos objetivos tanto personales como profesionales cuyo cumplimiento le aportaba dosis de alegría e ilusión.

Miriam Cobreros

 

 

 


 1167,    08  May  2018 ,   Coaching
Miriam Cobreros

Coach Profesional Ejecutivo Certificado

Cerfiticación Oficial AECOP CP40

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