Relatos de Coaching

Capítulo 2. En Casa y Sin Mi Coche

Estoy en casa. Sin coche. La casa está limpia y ordenada. Pero qué importa. Mi mujer está con las niñas en casa de mi cuñada. Han ido a un cumpleaños. Yo tendría que llegar más tarde. Pero estoy aquí. En casa. Solo. 

A estas horas me resulta raro. No sé qué hacer. No tengo portátil. Tengo teléfono. Pero no sé a quién llamar. Me siento en el sofá. Miro a la tele. La tele está apagada. Pero yo miro fijamente. Se pierde mi mirada. En mi mente, regresan esas palabras. El departamento ya no es necesario. Como supuestamente yo ya sabía...

...pero yo, no lo sabía. Si lo pienso un poco... sí lo sabía pero no quería verlo. Prefiero no pensar en ello ahora.

Pasan las horas. Llegan mis hijas y me saludan con alegría. Mi mujer me habla del día. Llegan muy contentas. Parece que no se dan cuenta de nada. Su trabajo muy bien. Ella trabaja en una naviera, se llama Julia. Todo siempre va muy bien. Me alegro por ella. Sé que es muy buena en su trabajo y con su equipo. Como lo es en casa. Las niñas en el colegio muy bien. La pequeña se ha caído. Me cuenta cómo se tropezó en el patio del colegio.

Mañana es sábado. Vamos a ir al Zoo. Se lo prometimos a las niñas y tenemos que cumplirlo. Las niñas se van a su cuarto. Nos quedamos solos en el salón. Julia me pregunta cómo estoy. No sé qué decirle. No quiero decirle nada. No estoy preparado. Le cuento que en la empresa hay cambios y que estoy un poco cansado. Habla de los planes para el día siguiente. A Sara, la mediana, le encantan los delfines y no se puede perder la actuación. Tenemos que llegar antes de que comience la función. Permanecemos sentados en el salón charlando sobre el día siguiente en el zoo.

Pasan los días.

Por fin, es lunes. 

Y ahora... ¿Qué hago?

Me levanto a la misma hora de siempre y voy a dar mi paseo matinal. Regreso y me preparo para ir al trabajo pero no sé dónde voy a ir.  Antes de que ellas se levanten y llegue Amaya para limpiar la casa, me voy.

No tengo coche. Le dije a mi mujer que estaba en el taller. Cojo un taxi y me voy a una cafetería. Me siento allí. Intento sentirme bien pero el café no me gusta. La gente no me parece agradable. El taxi olía a tabaco y mi ropa tiene matices de ese aroma.

Miro el periódico. Pasan las horas y estoy allí, sentado, en la cafetería, pensando. Pienso, pero sin pensar, porque todo en mi mente es desconcierto. Me siento abrumado, estoy descolocado, fuera de lugar. Ya he pedido varios cafés y he leído todos los periódicos. Me han llamado varios compañeros. Les escuché, pero apenas dije palabras. La vida es así. Te vamos a extrañar. Es incomprensible… No quiero que me extrañen porque aún siento que es mi empresa. Me cuesta creer que ya no formo parte de ese mundo. No estar en ese mundo es no estar en mi mundo. Si no estoy en mi mundo, entonces no sé dónde estoy.

Me levanto, pido mi cuenta y me marcho. No sé dónde puedo ir ahora. Creo que tengo que pensar en algo. Entonces, mi teléfono comienza a sonar, es mi jefe. Descuelgo y no sé qué decir. El ruido de los coches no me dejar oír bien. Escucho. Me cuenta que hemos dejado algo pendiente, me han pagado un coaching de reorientación profesional y me enviarán los datos por correo electrónico a mi cuenta personal. Me despido amablemente. No me sale comportarme de manera distinta.

Me paro y lo pienso. No tengo cuenta de correo personal. Nunca la he tenido. Le llamo y se lo digo. No importa. Me enviarán la información a casa pero yo no quiero. Le digo que en unos días le llamo para darle la cuenta. Me dice que mejor llame a Pilar, la directora de recursos humanos. Mi jefe delega el asunto. Claro, él ya me lo comunicó, quiso quedar bien y se lava las manos. Hizo lo que estaba en el protocolo que tenía que hacer. Me queda claro, pero ya no me importa. Lo cierto es que no tengo claro qué es lo que me importa y qué no.

Sigo caminando. Me topo con una tienda de informática. Necesito un portátil. Llamo a mi compañía de teléfono. Quiero conexión a internet aunque aún no quiero trabajar desde casa porque siento que me viene bien estar fuera. Tengo que hacer planes.

Y así...pasa un día tras otro.

Vivo en las cafeterías y almuerzo en buenos restaurantes pero me está saliendo caro porque ahora no me lo paga la empresa. Pasan las semanas y los fines de semana y no quiero decir nada. Aún no.

Leo mucho. Todos los periódicos. La economía. Las noticias. Las cosas van muy mal pero se pondrán peor. No lo creo, al menos para mí.

Abro mi correo personal. Ya han pasado más de dos semanas desde aquella llamada de mi jefe, desde que cree el correo. Extraño tanto a mi secretaria… Para que me ayudase a crearlo, tuve que sobornar al camarero. Sabe mi contraseña pero no me importa porque tiene que recordarme cómo cambiarla.  Ya tengo la información del coaching de reorientación profesional. Me dan el dinero y puedo elegir al profesional que prefiera. No sé a quién escoger. Entro en la web que me han facilitado. Es una asociación. Abro las credenciales del primer coach ejecutivo que se pone bajo el cursor. Una ex directiva como yo. Prefiero alguien que no me lo recuerde tanto. Abro otro. La foto me gusta, la mirada es cercana. Pero es ingeniero. No quiero un ingeniero. Otro más. Y me quedo con ella. Se parece a mi secretaria y mi secretaria es una gran profesional. Me la quedo.

No sé nada de coaching. He leído algo. He ido a algún curso. Pero la verdad es que no sé nada. Mis cursos eran para estar. Nosotros íbamos a figurar, para hablar y relacionarnos con compañeros. Nunca me quedó claro qué es el coaching. No me lo creo mucho, la verdad, pero ahora no tengo nada que hacer ni con quién hablar.

Llamo a mi seleccionada. Encantadora. Quedamos en la oficina para hablar al día siguiente. Ya han pasado tres meses desde que salí de la empresa. No puedo creerlo. En mi mente sigo teniendo mi coche y mis privilegios. Sigo siendo yo sin serlo, pero ser yo me ayuda a llevar el mal trago por el que estoy pasando.

La reunión con la Coach ha sido agradable, me ha gustado mucho y he decidido seguir con ella. Me pasó el presupuesto y me ha parecido bien. Hemos quedado en vernos la semana próxima. Me acompañará durante seis meses, en principio. Creo que me va a venir bien. Necesito compartir con alguien cómo me siento.

Hemos quedado un martes por la mañana. He preferido quedar a primera hora para ser fiel a mis rutinas por lo que me levanto temprano, doy mi paseo matinal, me arreglo y salgo para la cafetería habitual antes de ir a ver a mi coach.

Iniciamos el proceso. Me cuenta que se trata de un proceso de coaching para la reorientación profesional. A mí el título no me importa. Lo puede llamar como quiera. Lo que necesito es que me ayude a encontrar mi sitio que ahora no tengo claro dónde está.

Nuestra primera reunión ha ido bien. Me ha realizado preguntas que me han ayudado a desenterrar los sentimientos que he ido guardando durante estos meses. He hablado mucho sobre cómo he salido de mi empresa, el día que salí, lo que sentí, mis compañeros, el fin de semana… Me ha venido muy bien hablar de todo esto. Me he quitado un peso de encima.

Mi coach me ha recomendado realizar unos cuantos ejercicios de preparación, de cara a las siguientes reuniones. No sé si estoy preparado para hacerlos pero me he comprometido y los voy a hacer.

Me voy para mi cafetería sintiéndome mejor. He compartido algunos miedos y he visto que mis miedos son comunes. Me he dado cuenta de que tengo que contárselo a mi esposa. Sé cómo decírselo. Ya no tengo tanto miedo. Ahora me siento mucho mejor.

Hemos quedado la semana próxima. Hasta entonces nos escribiremos vía mail. Me alegro de tener portátil y conexión a internet. Hoy comenzaré a desempolvar mi curriculum.


 2239,    04  Oct  2016 ,   Dejar Mi Empresa, Dejar Mi Vida por M. Cobreros
Miriam Cobreros

Coach Profesional Ejecutivo Certificado

Cerfiticación Oficial AECOP CP40

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