Relatos de Coaching

Capítulo 3. Sorpresa y Desconcierto

Clavados en la mesa de la cafetería, estuvimos charlando durante horas, hasta que comencé a sentirme mal por no haber ido a la reunión, por haber dejado allí el móvil y por no haber dicho nada.

   -Naira tengo que irme. Muchas gracias por el café y los dulces. Regresaré otro día. Ahora tengo que recuperar mi puesto, mi móvil y mi presión arterial.

   -Suerte con tus compañeros. Espero que no te olvides de venir a verme y aprovecha para traerme clientes ¿vale?

   -Me acordaré. Dale recuerdos a tu padre cuando hables con él.

 

Salí disparado por la puerta, eran ya las 2 de la tarde por lo que iba pensando que mis compañeros estarían comiendo en la cafetería de la empresa.

-Buen momento para regresar. Todo más tranquilo…, podré adelantar trabajo.

 

Luces destelleantes, sirenas y una congregación de personas entorno a coches de policía y dos ambulancias, me hicieron regresar de mis pensamientos cuando me estaba acercando a la empresa. Para entrar al vestíbulo tenía que pasar a través del cordón policial. Me acerqué a un policía:

   -Disculpe, trabajo aquí, en la quinta planta.

   -Lo siento, tendrá que esperar. No está permitido que la gente entre o salga del edificio.

   -¿Qué ha pasado?

   -A muerto una persona.

   -¿Qué?

   -Un señor, de unos cincuenta años.

   -¿Sabe cómo se llama?

   -Disculpe amigo, no puedo contestarle ahora.

Me dirigí a un pequeño grupo de compañeros.

   -¡Hola! ¿Sabéis lo que ha sucedido?

Uno de ellos, que reconocí trabajaba en el equipo de informática me contestó.

   -Parece que han encontrado muerto a Manuel, Lolo.

   -¿Qué? Acabo de cruzar unas palabras con él en el servicio. Estaba perfectamente.

   -Pues le han encontrado precisamente en el servicio.

   -Estás de broma ¿verdad?

   -Pues no, no estoy de broma. Ésta tarde habíamos quedado para ir a jugar al pádel. No entiendo que ha podido pasarle.

 

Me acerqué de nuevo al cordón policial.

   -Disculpe pero tengo que entrar. Tengo arriba mi móvil, mi cartera, las llaves de mi coche y mi abrigo y me estoy quedando helado.

   -Lo siento, pero no puedo dejarle pasar.

 

 

Me dirigí a una policía de paisano que le hacía unas preguntas a unos compañeros.

   -Perdone.

Ella me miró con seriedad.

   -Tengo que subir. Tengo arriba mi móvil, mi cartera y mis llaves. Y también mi abrigo. Salí rápido y me dejé todo sin darme cuenta.

   -No puede usted subir, tendrá que esperar.

   -Es que me estoy quedando helado.

   -Vaya a tomarse un café.

   -No puedo, mi cartera está ahí también.

   -¿Cómo se llama?

   -Pedro.

   -Pedro ¿qué?

   -Pedro Baute

   -Le estábamos buscando para hacerle unas preguntas. Acompáñeme.

 

Pasamos a través del cordón policial hacia el vestíbulo. 


 1401,    18  Jun  2015 ,   Perspectiva Vital por Miriam Cobreros
Miriam Cobreros

Coach Profesional Ejecutivo Certificado

Cerfiticación Oficial AECOP CP40

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